El mejor destino a veces es… una conversación
- Redacción
- 6 may
- 2 Min. de lectura
Una vez, en un viaje de trabajo, me tocó compartir asiento con un ejecutivo al que no conocía.
Ambos veníamos de reuniones largas.
Ambos con esa energía de “ya fue suficiente por hoy”.
Miradas cansadas.
Silencios cómodos.
Pero el vuelo se retrasó…
y empezamos a hablar.
De lo casual a lo profundo
Todo comenzó como empiezan muchas conversaciones entre desconocidos:
un comentario sobre el clima, sobre el retraso, sobre el aeropuerto.
Nada importante.
Pero poco a poco, la conversación cambió de tono.
Pasamos de lo superficial a lo personal.
De lo automático a lo genuino.
Me contó que llevaba más de diez años viajando cada mes.
Que conocía aeropuertos mejor que su propia ciudad.
Que su vida se había convertido en una secuencia de salas de espera, hoteles y juntas.
Y luego dijo algo que se quedó conmigo:
“Últimamente me pregunto si todo este movimiento… realmente tiene sentido.”
Lo que pasa en medio
Esa conversación me marcó.
Porque me hizo darme cuenta de algo que a veces olvidamos en los viajes de trabajo:
Nos enfocamos tanto en el objetivo —la reunión, el contrato, la agenda—
que dejamos de ver lo que ocurre en medio.
Y lo que ocurre en medio…
a veces es lo más valioso.
Una charla inesperada.
Una historia que te mueve.
Una pausa que te permite pensar distinto.
El lado humano del viaje corporativo
En Marplay creemos que incluso los viajes corporativos pueden dejar huella.
No necesariamente por el hotel.
Ni por la sala de juntas.
Ni por el resultado de la reunión.
Sino por los encuentros.
Por las conversaciones que no estaban planeadas.
Por las personas que aparecen en el camino.
Por esos momentos que nos recuerdan que, más allá del rol profesional, seguimos siendo humanos.
Humanos que dudan.
Que se cansan.
Que buscan sentido.
Aunque viajemos con traje.
Aunque vivamos entre aeropuertos.
A veces no es el lugar… es el momento
Ese día no llegué a un destino extraordinario.
No hubo nada particularmente memorable en la agenda.
Pero hubo una conversación que llegó en el momento justo.
Y eso fue suficiente.
Porque el mejor destino, a veces,
no es una ciudad nueva.
Es una conversación que te encuentra
justo donde lo necesitabas.



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